Ansiedad persistente y tensión acumulada
Con frecuencia, la presencia de una ansiedad constante y un estrés elevado mantienen al sistema nervioso en un estado de hipervigilancia. Esta sobrecarga favorece el surgimiento de ataques de pánico y una preocupación excesiva, alimentada por pensamientos negativos recurrentes que intensifican la sensación de amenaza inminente.
